Inicio Empresas y Negocios Seguros de Arte: un segmento solo para entendidos

Seguros de Arte: un segmento solo para entendidos

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Por: Hernán Padilla, Director Comercial de Reaseguros de Risk Group Argentina

Los amantes del arte viven sobresaltos cada vez que se difunde que alguna obra valiosa ha sido robada. Así mismo, una obra también puede verse afectada por otras causas como ser incendios, daños durante su transporte o por daños maliciosos y/o por vandalismo.

Si bien nada reemplaza la belleza del objeto sustraído y el malestar por la situación, lo cierto es que pueden asegurarse las obras de arte de cualquier naturaleza (pinturas, esculturas, libros, manuscritos, entre otros) tanto de propiedad de museos como de colecciones privadas (de instituciones públicas o privadas, por ejemplo), colecciones personales (tesoros artísticos que guardan las personas en sus casas), exhibiciones itinerantes y también empresas dedicadas exclusivamente al transporte nacional e internacional.

El mercado de seguros para el segmento de Fine Art en Argentina es muy limitado, ya que requiere un nivel de experiencia y conocimiento del rubro muy específico, por lo tanto las compañías de seguro que se involucran en este ramo lo hacen de la mano del respaldo de reaseguradores internacionales que cuentan con una vasta experiencia en este segmento.

Para determinar cuánto vale una pieza se recurre a la valuación de expertos tal como sucede en otros mercados. Para cerrar la valuación de una obra, los reaseguradores aceptan la opinión dada, por ejemplo, por el curador de un museo, siempre y cuando el valuador sea reconocido y cuente con una experiencia reconocida en el ramo. Por ejemplo, nadie va a discutir un valor dado por el MALBA o por una autoridad como Ignacio Gutiérrez Zaldívar.

Respecto al alcance de la cobertura, la misma suele ser Contra Todo Riesgo con muy pocas exclusiones, también conocida en el mercado como “de clavo a clavo”. Esto significa que, en el caso de un traslado, la pieza está protegida desde el momento en que se la descuelga en el sitio de origen hasta que se la vuelve a colgar en el destino al que va dirigida. Entre las pocas exclusiones que forman parte de la póliza, está la de los daños que se puedan cometer sobre una pieza durante algún tipo de trabajo profesional, como por ejemplo en una restauración.

¿Cuáles son los requisitos para poder dar cobertura? En general la aseguradora tiene que exigir que la institución asegurada tenga implementadas medidas de seguridad razonables. En el caso de incendios, la existencia de extintores suele ser suficiente.

Cuando se trata de robo, en líneas generales lo mínimo que se solicita es que durante las horas de apertura del salón de exhibición haya personal de seguridad armado, y por las noches un sistema de alarma conectada con una agencia de seguridad. Dependiendo del tamaño del museo y del valor de las piezas que allí se encuentran, el número de guardias necesario puede ser mayor. Además, si los valores asegurados son muy elevados, es posible que haya mayores exigencias, como controles automatizados de acceso, detector de metales, CCTV, entre otros.

En general, en nuestro país no hay una relación muy estrecha entre los valores que guarda un museo y las medidas de protección existentes. Hay algunos que cuentan con las seguridades adecuadas como puede ser el MALBA, el Museo Nacional de Bellas Artes y algunos del interior como ser el Juan Castagnino (Rosario) y Emilio Caraffa (Córdoba) pero existen muchos ejemplos de lo contrario.

¿Qué pasa en caso de robo? En el imaginario popular circulan algunos mitos, sobre que muchos de los robos de arte que se producen apuntan a llegar a un arreglo con la aseguradora. Sin embargo, y como mencionado más arriba, en la mayoría de estos negocios la compañía se apoya en la experiencia de los reaseguradores quienes en caso de un siniestro nombran a un especialista para investigar el mismo. De todos modos la siniestralidad que hemos recogido en más de cinco años que llevamos involucrados en este ramo es muy buena y solo hemos abonado pequeños siniestros de transporte.

Por otro lado, y como todos sabemos, la peligrosidad de que cierto bien sea robado tiene relación directa con la facilidad y velocidad en que se la puede vender en el mercado “negro”. Si bien puede resultar sencillo “colocar” un celular robado en el mercado negro, resultaría muy difícil colocar obras consagradas, como una de Berni o de Petorutti. Por lo tanto y teniendo en cuenta lo reducido del mercado de posibles compradores en piezas de arte, podríamos decir que el ladrón estándar no ingresa al mercado de obras de arte ya que no sabría que hacer con las obras robadas. Otra posible situación sería lo que se conoce como “robo por encargo”. Resumiendo podríamos decir que como consecuencia de tratarse de un mercado tan pequeño y donde todos se conocen, es no solo que la frecuencia de los robos es baja sino también que el porcentaje de recupero es mucho más alto que el del mercado de robo en general.

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