Inicio Criptoeconomía «Stablecoins: por qué América Latina podría estar un paso adelante»

«Stablecoins: por qué América Latina podría estar un paso adelante»

Por Rafael de Ambrosi, CEO de Twin

Durante años, hablar de stablecoins en América Latina fue hablar de una sola cosa: dólares digitales para protegerse de la devaluación o mandar dinero entre países sin pasar por la fricción del sistema bancario tradicional. Esa narrativa ya no alcanza. La discusión global entró en una etapa distinta: ya no se pregunta si los activos digitales tienen lugar en el sistema financiero, sino qué función van a cumplir en él. América Latina tiene algo que otras regiones no tienen necesariamente: una necesidad concreta y urgente de resolver justamente eso.

El debate volvió a instalarse hace pocos días, cuando el Banco de Pagos Internacionales (BIS) advirtió sobre las dificultades de las stablecoins para convertirse en un medio de pago a gran escala, mientras grandes instituciones financieras anunciaban planes para lanzar su propia stablecoin atada al dólar. Parece una contradicción, pero es una señal de madurez: el debate dejó de ser tecnológico y pasó a ser económico y estructural.

Un problema real, no una moda importada

La región convive hace décadas con mercados fragmentados, monedas que atraviesan ciclos de depreciación, altos costos para mover dinero entre países y una demanda constante de dólares. Argentina es el caso más visible, pero no el único: Brasil tiene una de las infraestructuras de pagos instantáneos más avanzadas del mundo, México recibe decenas de miles de millones de dólares en remesas cada año, y en distintos mercados de la región la actividad con activos digitales crece de forma sostenida.

Esa combinación (problemas reales, usuarios ya familiarizados con herramientas digitales, y economías que necesitan conectarse entre sí) es poco común, y ya se refleja en los números. Según el Índice Global de Adopción Cripto 2025 de Chainalysis, Brasil ocupa el quinto puesto mundial (el único país de la región en el top diez), mientras Venezuela (18) y Argentina (20) también están dentro del top 20 global. La región, junto con Asia-Pacífico, fue, además, la de mayor crecimiento interanual en actividad onchain del último año. 

Por eso, sería un error asumir que LatAm tiene que esperar a que los mercados desarrollados definan el futuro de las stablecoins. Puede ser al revés: la región puede convertirse en el primer lugar donde se pruebe, en serio y a escala, qué significa usar dinero tokenizado en la vida cotidiana.

El próximo paso no es solo digitalizar el dólar

Hasta ahora la conversación estuvo concentrada en stablecoins denominadas en dólares, algo lógico dado su rol en el comercio internacional. Pero para América Latina hay una segunda posibilidad, tanto o más relevante: llevar las monedas locales a los rieles digitales.

Una empresa argentina que le paga a un proveedor colombiano no necesita, en muchos casos, que ese dinero viaje primero a dólares, cruce varios intermediarios y vuelva a convertirse a pesos colombianos. El objetivo puede ser más simple: que el valor se mueva entre dos monedas locales de forma rápida y transparente. Ahí, las stablecoins dejan de ser solo una puerta de entrada al dólar y empiezan a funcionar como una nueva capa de infraestructura para mover valor. El desafío no es construir un sistema financiero paralelo, sino tender puentes entre el sistema que ya existe y una infraestructura programable, global y disponible todo el tiempo.

La confianza es el verdadero desafío

Nada de esto convierte a las stablecoins en una solución mágica. El crecimiento del mercado trae preguntas que no se pueden esquivar: regulación, transparencia de reservas, prevención de lavado de dinero, interoperabilidad entre redes y monedas, y protección al usuario. La advertencia del BIS apunta justamente a eso: la adopción de una nueva forma de dinero no se mide solo por volumen de transacciones o cantidad de usuarios, sino por lo que pasa en momentos de estrés, cómo se garantiza la convertibilidad y qué rol cumplen los intermediarios.

La infraestructura financiera tiene una particularidad: cuando funciona, nadie piensa en ella; cuando falla, todos la sienten. Por eso la próxima etapa de las stablecoins no la va a definir quién emite más tokens, sino quién construye los sistemas más confiables e interoperables, capaces de conectarse con la economía real.

La oportunidad de no llegar tarde, por una vez

La historia financiera de América Latina estuvo marcada por la sensación de llegar tarde: a la bancarización, a los mercados de capitales, a la digitalización. Con blockchain puede ser distinto. 

La región no necesita copiar el camino de Estados Unidos, Europa o Asia: puede usar esta infraestructura para resolver problemas propios y, de paso, convertirse en el terreno de prueba de soluciones que después se repliquen en otras partes del mundo.

El verdadero potencial para América Latina no está solo en tener más usuarios de criptomonedas, está en construir un sistema financiero regional donde mover valor entre países sea tan simple como hoy es enviar información. Si eso pasa, en unos años probablemente dejemos de hablar de las stablecoins como una innovación de la industria cripto. Simplemente van a ser parte de la infraestructura financiera.