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Toda la magia del sur mendocino

Si en la variedad está el gusto, qué mejor que un recorrido por el Sur mendocino. Con una gama incomparable de atractivos, donde se aúnan montañas, valles, sol y agua, el extremo sur de la provincia de Mendoza se ofrece como alternativa tanto para aquellos a quienes atrapa la aventura como para el paseante tranquilo, que ama los paisajes, los amaneceres plácidos y esos atardeceres que duermen bellamente sobre los Andes.

Tres ciudades y un racimo de pequeños pueblos, parajes o rincones soñados conforman el triángulo virtuoso que pasa por esta esquina del sur de la provincia: San Rafael, Malargüe y General Alvear.

San Rafael, ríos y montañas
A 960 kilómetros de Buenos Aires y a 235 de mendoza capital, San Rafael es un pujante enclave productivo y de servicio que descansa en las proximidades de los ríos Atuel y Diamante siempre con el telón de fondo de la Cordillera de los Andes. Cuna de poetas y pintores, la ciudad reserva algunas pequeñas sorpresas, como la antigua biblioteca y Museo de Bellas Artes (con algunas obras de Castagnino, Fader o Spilimbergo, entre otros), el Museo de Historia Natural y el observatorio astronómico, y los parques Hipólito Yrigoyen y Mariano Moreno, éste ubicado en las afueras, sobre la Isla del Río Diamante, donde hay un jardín zoológico.

El circuito de Valle Grande permite llegar al Cañón del Atuel y el dique El Nihuil. Saliendo por la ruta 173 hacia Valle Grande, una pequeña localidad de calles anchas, arboladas y regadas por acequias, se toma un camino ondulado en ascenso bordeando el río Atuel, que nace en el Valle de Las Leñas y corre al lado de la ruta que conduce al Cañón del Atuel. Aprisionado entre cordones montañosos y cerros casi pelados se halla el dique El Nihuil, un inmenso espejo de agua de casi 10 mil hectáreas. Además de ser un espectáculo sin igual, los aficionados a la pesca encuentran allí su propio paraíso. También se practica windsurf y esquí acuático. Desde ya, nadar en ese marco de aguas cristalinas y cielo prístino es una aventura en sí misma.

Cerca de allí, la Villa El Nihuil ofrece todos los servicios. El Club de Pescadores, con camping, proveeduría, cabañas y restaurante, también tiene pileta de natación y residencias de fin de semana.

Desde aquí, luego de recorrer 87 km. por la ruta 40, se llega al Sosneado, una pequeña localidad sobre el río Atuel, considerada punto de partida de expediciones culturales y de aventura en los alrededores cordilleranos. En el camino, se puede disfrutar el sorprendente paisaje blanco de las salinas.

El circuito del Sur bordea el río Diamante, que nace en la laguna homónima, en plena Cordillera de los Andes. La laguna, de 34 metros de profundidad en sus bordes y 70 metros en el centro, ocupa el cráter de un extinto volcán o el lugar de un remoto glaciar, abierto en el medio de una alta meseta basáltica a 3.300 metros sobre el nivel del mar. Rodeada por picos majestuosos entre los que se destaca el volcán Maipo, de 5.323 metros, cuya base está a sólo 2.500 metros de la masa de agua.

A 25 kilómetros de San Rafael, Villa 25 de Mayo es considerada un verdadero museo, con sus casas de adobe y calles flanqueadas por centenarios carolinos. El sitio, declarado Monumento Histórico, conserva varios hitos dignos de visitar. Muy cerca, la presa Los Reyunos, una interesante obra de ingeniería con dos presas y embalses próximos. La primera, precisamente Los Reyunos, y dos kilómetros más adelante, El Tigre, una presa compensadora. Sus aguas límpidas conforman balnearios naturales excelentes para practicar deportes náuticos y la pesca.

Gral. Alvear, naturaleza viva
A 90 kilómetros de San Rafael, General Alvear es una pujante comunidad de 45.000 habitantes y gran importancia productiva. Regada por la generosidad del río Atuel, tiene un agradable clima templado semiárido con tendencia a fresco. Muy cerca del casco céntrico, la laguna El Trapal ofrece 45 ha de campo con vegetación autóctona y lagunas formadas por los meandros del río Atuel. También hay humedales que favorecen el desarrollo de la vida silvestre y médanos con restos arqueológicos. Es un lugar apropiado para safaris fotográficos y observación de flora y fauna e ideal para deportes extremos como trekking, canotaje y mountain bike. En dirección a la localidad de Punta de Agua, un hermoso paraje rodeado de cerros, arboledas y arroyos, surge el llamado Pozo Azul, un afluente de agua mineral. Los visitantes llegan aquí a beber de esas fuentes. En este lugar también se puede pescar y disfrutar de sus paisajes.

Malargüe, la aventura
Ubicada en el extremo sur de la provincia, Malargüe adquirió una inesperada fama internacional cuando se abrió, hace más de dos décadas, el complejo invernal Las Leñas; sin embargo, esta pequeña ciudad cabecera del departamento más grande de la provincia, y recostada en gran parte sobre la Cordillera hasta el límite con Chile, ofrece paisajes insospechados, cursos de agua fascinantes y un clima veraniego inigualable.

Entre otros destinos, es imprescindible visitar la Caverna de las Brujas, en el cerro Moncol. Su interior deslumbra por las formaciones de estalactitas y estalagmitas hasta llegar a la Sala de la Virgen, un amplio espacio abovedado donde los milenios hicieron su paciente trabajo. A 9 km. de allí, en el Valle del Río Grande, está Bardas Blancas, una zona de atractivo paisajístico, pesquero y paleontológico (entrada arancelada, $ 20; hay que pedir turno).

A 68 kilómetros de la capital departamental, en un ambiente natural y virgen, asoma la laguna Llancanelo, con su prodigioso espectáculo de miles de aves. En el entorno volcánico conformado por La Payunia (ver Imperdible) y las sierras del Nevado sobresale por la rareza y variedad de su fauna, desde cisnes de cuello negro hasta patos, gallaretas y garzas. Es un lugar elegido por muchas especies como escala en sus largos viajes migratorios. La reserva, controlada por guardaparques, se puede visitar con compañía de guías autorizados. El lugar es ideal para safaris fotográficos y avistaje de aves, o simplemente para entregarse al disfrute de la naturaleza.

También cerca de la ciudad, a sólo 27 kilómetros, los Castillos de Pincheira, entre el río Malargüe y el arroyo Pincheira, ofrecen un espacio desbordante de naturaleza y de leyenda, con maravillosas postales de valle y montaña. La erosión de los vientos y del río sobre la roca caliza creó este gigantesco monumento natural que recuerda a una construcción del medioevo. Para llegar hay que atravesar un puente de cables de acero y madera sobre el río; a medida que se avanza, se va abriendo a la mirada la caprichosa fisonomía de las rocas. Es posible visitar cuevas y recorrer con cuidado la zona de las torres, y verdaderamente vale la pena el esfuerzo. Se accede por un camino de ripio en buen estado, bordeado de jarillas verdes y toda la flora autóctona, con su generoso despliegue de aromas y colores.

En una de las márgenes del río hay un camping que cuenta con servicios sanitarios, agua caliente, parque, proveeduría, venta de artículos regionales, pileta de natación, luz eléctrica y juegos infantiles. Además de ser un sitio ideal para el turismo contemplativo, los más activos pueden probar con el trekking, el mountain bike, las escaladas y las cabalgatas. Como en todas estas localidades, aquí también se puede disfrutar del típico chivito a las brasas, un plato que vale la pena saborear cuando se visitan estas tierras.

Otra alternativa es el circuito del Sur, que recorre los llamados Valles Altos. El primer destino, a 187 kilómetros, es el Valle de Los Molles, con su Centro Turístico Termal. A unos 8 kilómetros está el Puente de Elcha. Allí hay que dejar los vehículos y caminar hacia la fantástica Laguna de la Niña Encantada, un círculo de agua verde de ochenta metros de diámetro que refleja con toda claridad las paredes de piedra que lo aprisionan.

De regreso a Los Molles, por otra ruta se accede al Pozo de Las Animas, zona de formaciones geológicas que tiene una peculiaridad geomorfológica: en una profundidad de veintiún metros, alberga nada menos que ocho espejos de agua dulce separados por delgadas paredes.

En plena Cordillera, Valle Hermoso, rodeado por los ríos Cobre y Tordillo, es un paraje apartado y apacible. Sólo se puede acceder en verano y en vehículos preparados, generalmente con tracción integral. Se trata de una depresión tectónica limitada por fallas por las que corren aguas cristalinas. Se distinguen los cerros Yaretas, Yeseras y Lagunitas. Es una zona de vida rural. Si al regresar se lo hace por la ruta 180, empalmando la nacional 144, se pasa por Cuesta de los Terneros. Un recorrido sobrecogedor por un camino de montaña que regala vistas panorámicas dignas de llevarse en la retina, para no olvidar nunca esta región de ensueño del Sur mendocino.


Fuente: Clarín

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