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Trabajar es una relación de dos: ¿Qué tener presente en una relación mutua?

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Por: María Laura Melino

Trabajar es, por definición, algo estresante. Solo hay que pensar, a quién no le gustaría dedicar el día a hacer lo que prefiere, sin tener que preocuparse por las cuentas que se acumulan sobre la mesa. Sin embargo, y aunque se crea que es una invención de los últimos doscientos años, el trabajo duro ha sido parte de la historia misma de la humanidad. Solo basta recordar aquel hombre prehistórico que recolectaba bayas, para luego usarlas como prenda de cambio ante el cazador. Así, ambos obtenían una dieta equilibrada. En resumen, cada uno hacia lo necesario para pagar las cuentas.

Ahora, la discusión no es el trabajo en sí mismo, sino con quienes y cómo se hace. En esta relación, cada parte debe hacer su aporte. Así, se esperaran determinados comportamientos de cada uno de ellos.

La empresa oferente.
Cuando alguien propone…debe seducir. Un estudio de nuestro Departamento de Investigación y Desarrollo de los Recursos Humanos, expone: “En un mercado donde los talentos se reducen, los niveles de beligerancia entre las organizaciones por contratar a los mejores se vuelven cada vez más cruenta. ¿A quien no le interesaría trabajar en Coca Cola, BMW o IBM?. Es aquí donde se incorpora el branding de capital humano, como una tarea orientada a transmitir una imagen positiva de la organización, que la posicione en el mercado y la diferencie en la mente del postulante a la hora de buscar empleo.”

La empresa empleadora deberá ocuparse de proporcionar al postulante el ámbito propicio para generar un espacio de trabajo acorde a las expectativas del mismo. Así, se asegurará contar con los mejores.

El postulante.
Se ha demostrado que el buscar trabajo, es un trabajo en sí mismo. Al momento de emprender la búsqueda, se deberán tomar en cuenta dos elementos. En primer lugar, tratar de minimizar el stress que la misma situación genera; para ello habrá que saber bien hacia dónde se dirige cada uno. Por otro lado, el postulante deberá realizar una correcta definición de sus fortalezas y debilidades, ello se permitirá ofrecer lo mejor de sí y no perder el tiempo infructuosamente.

Una elección mutua, genera mutuas responsabilidades.
Si ambos han hecho una mutua selección, trabajador y oferente, comenzarán un intercambio compartido. Y toda situación colaborada generará beneficios y responsabilidades en cada una de las partes. Entonces surge la pregunta: ¿A qué debe atenerse necesariamente cada una de ellas?

La empresa empleadora.
Es su obligación trabajar para ser elegidas nuevamente y día a día por sus miembros y, de estos, será la responsabilidad primaria del más alto management de la organización. Para ello, se deberá trabajar en la generación de espacios que posibiliten a los empleados cumplir aquellos sueños y aspiraciones que traían consigo al momento de ingresar a la compañía.
La productividad se logra obteniendo la mayor eficiencia de cada uno de los recursos y, en el caso de los empleados, ello se obtiene cuando se encuentran comprometidos y sienten el apoyo de la organización.

El trabajador.
Llegado el momento de incorporarse a su nuevo puesto, el empleado deberá saber que cuenta con un conjunto de tareas y funciones a cumplir. Pero, hoy las organizaciones esperarán más que eso. La moderna estructura de trabajo requiere de empleados que hagan propia a la empresa, que se sientan dueños de su puesto de trabajo, en definitiva esa es “su” empresa. Así, se podrán beneficiar de aquellos que las organizaciones están dispuestas a brindar.

Un proceso relacional exige comunes sacrificios. Están preparadas las organizaciones, y fundamentalmente sus ejecutivos, para ofrecerlos con al misma intensidad con las que los exigen. El interrogante queda abierto.

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