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Un pueblo que renació de sus cenizas

Hasta hace unos años, Pipinas era un pueblo próspero que vivía del trabajo que generaba la cementera Corcemar. Ubicado a 155 kilómetros al sur de Buenos Aires, sobre la ruta provincial 36, camino a San Borombom, de su historia se puede decir que en 1913 llegó el ferrocarril y 25 años más tarde lo hizo Corcemar.

Pero el ferrocarril dejó de funcionar en 1978, Corcemar se vendió a Loma Negra en 1991 y en 2001, la fábrica fundió y cerró. Con ella concluyeron también los sueños de muchos pipinenses. Así, de las 4500 personas que llegaron a vivir aquí, hoy apenas quedan 900.

Preocupados por la falta de trabajo y la consecuente emigración de la población económicamente activa, un grupo de vecinos desarrolló un proyecto de turismo rural cooperativista.

Así, por ejemplo, reciclaron el viejo hotel y el complejo deportivo de la fábrica de 13 hectáreas “con el fin de recuperar la dignidad de una comunidad construida sobre la base del trabajo”, contó Claudia Díaz, una de las socias fundadoras de la cooperativa Pipinas Viva, con oficinas en la ciudad de La Plata.

Asado y bicicletas
Los balcones del hotel lucen orondos sus colores para romper con el blanco y gris de Pipinas, a cuenta del humo de la chimenea de la fábrica que teñía las fachadas. Las 16 sencillísimas habitaciones aún esperan la llegada del gas de red, que se instalará en pocos meses. Por ahora se calefaccionan con estufas eléctricas, por lo que no hay que esperar grandes lujos, pero sí gloriosos atardeceres de una población cuyas calles mueren en el campo.

En cambio, la propuesta para pasar el día en un entorno rural cuenta con el restaurante del hotel que ofrece dulces y pastas caseras de Rosa Serafín -tallarines, ravioles y canelones de verdura, y sorrentinos de calabaza y ricotta con jamón-, y las viejas recetas camperas de Titina Díaz (locro, pizza, empanadas, lengua a la vinagreta, matambre arrollado, huevos rellenos; los precios son muy accesibles), preparadas por Roberto Beaulieu, Ana Paula y Diego Chiaramello.

Los viernes, sábados y domingos se suma la parrilla de Martín Amestoy, que también trae las bicicletas para recorrer la zona. Y de éste surgen también los pastelitos calientes que prepara Silvia Hoste y que llegan al hotel al rato de pedirlos, bien calientes. Y los caballos del paisano José Maldonado, alias Pocas Plumas. Y la siempre delicada atención de Dalmacia Moglie y Alfredo Morales, que llevan a los turistas a recorrer el camino blanco de las canteras de día o de noche con luna, cuando se pone fosforescente por el color de las conchillas que lo forman.

Tiempo de caracoles
A 25 kilómetros de Pipinas se encuentra la Reserva Parque Costero del Sur, sobre la ruta 11, donde este efecto se multiplica sobre la costa y aparecen los montes de especies autóctonas como la tala y el coronillo, una franja verde de 80 km de largo declarada por la Unesco como Reserva Mundial de Biosfera en 1984.

Más hacia el Norte, a 40 kilómetros, también está la posibilidad de visitar Punta Indio, para hacer caminatas sobre la playa o practicar actividades náuticas como surf, pesca y navegación.

Cuenta Dalmacia que antes la gente entraba a las canteras a recoger caracoles, con los que se hacía la caracoleada: “Se limpiaban, se los alimentaba con maíz molido y queso de rallar durante un día y luego se cocinaban, para que queden con ese gustito rico”.

En la estación Las Pipinas, cuyo nombre se debe a dos mellizas que habitaban la zona, viven algunos parroquianos que sobreviven como pueden hasta de la venta de cueros de zorro por $ 30. Reciclada, ellos podrían trabajar en otro atractivo turístico más.

Las diagonales confluyen hacia la plaza, donde niños y jóvenes pasean sin miedos. Para comprar, sólo el supermercado Don Carlos. La radio comunitaria anuncia los encuentros de la gente de campo que espera en la tranquera a tal o cual hora, tararea los tangos de siempre y toca el folklore del paisano Michelou.

En el Club Juventud Pipinas los paisanos hacen un alto para tomar y luego amainar la bravura de las copas. Son los mismos de siempre, los que pensaron con una sonrisa escéptica que la Negra Díaz estaba loca y luego la vieron aparecer en su Traffic, flamante adquisición de la cooperativa que hace traslados de turistas desde La Plata. Los mismos hombres que dejaron su tiempo para levantar una comunidad y luego optaron por el olvido y más tarde, el riesgo, para finalmente celebrar la llegada de una posible fuente de trabajo.

Hoy, de la mano del turismo, surge una posibilidad de reconversión económica “para reconstruir el tejido social, devastado también psicológicamente”, según comentó Claudia.

Datos útiles
* Cooperativa Pipinas Viva: (02221) 49-2144, info@pipinas.com , www.pipinas.com
* La habitación doble cuesta $ 25 por persona con desayuno incluido. El almuerzo, entre 8 y 18 pesos, con entrada y plato principal


Fuente: La Nación

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