Inicio Empresas y Negocios Un shock de inversión puede evitar el “enfriamiento”

Un shock de inversión puede evitar el “enfriamiento”

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Entre los 131 países que son considerados en el Indice de Competitividad Global, la Argentina se ubicó en el puesto 85. La evaluación ha sido relativamente positiva en cuestiones como educación y salud, macroeconomía y apertura comercial. Pero muy mala en relación a instituciones y regulaciones de mercados. Si el nuevo gobierno aborda con decisión estos déficits podría generar un entorno más favorable a la inversión y a la creación de empleos y así eludir la necesidad de tener que “enfriar” la economía para frenar la inflación.

El Foro Económico Mundial publica anualmente el Indice de Competitividad Global. Se trata de un indicador que pretende expresar de una manera sintética las condiciones que ofrece cada país para el desarrollo de la actividad económica. Para su elaboración, se indaga un amplio y heterogéneo conjunto de temas que se consideran relevantes en el proceso de toma de decisiones de negocios. Se ponderan indicadores de calidad institucional, infraestructura, desempeño macroeconómico, salud y educación, regulaciones de mercados, tamaño de mercado, sofisticación de los negocios y capacidad de innovación.

En base a un análisis desagregado de la información que provee este indicador y, especialmente, de algunos resultados detectados en los diferentes aspectos que trata de medir el Indice, es posible echar luz sobre algunos de los problemas de competitividad que los autores le asignan al país. Los resultados muestran que:

• La Argentina ocupa el puesto 85 luego de una caída de 15 puestos respecto al relevamiento 2006/2007 y 31 puestos respecto al relevamiento 2005/2006.

• En las áreas en que mejor posicionado se encuentra el país son tamaño de mercado (23), salud y educación primaria (54) e indicadores macroeconómicos (64).

• Las áreas donde peor posicionado aparece son eficiencia de mercado de bienes y servicios (115), calidad institucional (123) y regulaciones laborales (129).

La posición tan rezagada de la Argentina puede motivar irritación y rechazo al indicador. Es cierto que no es recomendable “sacralizar” este tipo de relevamientos. El “clima de negocios” es un concepto amplio y cargado de ambigüedades y subjetividades de manera que se puede llegar a cuantificar pero muy imperfectamente. De todas formas, el análisis detenido del Índice puede ayudar a detectar algunas áreas críticas sobre las que habría que trabajar en Argentina para ser percibidos como un país más atractivo para las inversiones.

Las debilidades principales de la competitividad en Argentina no se presentan en cuestiones básicas sino en las reglas de juego. Los datos están mostrando que en la comparación internacional el país no enfrenta una situación de fuerte desventaja en temas como salud y educación primaria, orden macroeconómico o integración comercial. Por el contrario, las peores evaluaciones están asociadas a la violación de reglas de juegos básicas (la denominada “calidad institucional”) y a la excesiva carga de discrecionalidad y poca racionalidad de las disposiciones estatales. En este sentido, se destacan las regulaciones inapropiadas, la aplicación de impuestos y subsidios distorsivos y discrecionales, la falta de transparencia en el uso de fondos públicos y la profusa imposición de trámites burocráticos. Particularmente sugerente es que en materia de organización del mercado de trabajo sólo dos países son calificados peor que Argentina: Egipto (130) y Libia (131). Esto es muy indicativo de que las fallas de política generan un entorno poco propicio para invertir y en especial aquellas que deberían promover más empleo y de mejor calidad.

Desde esta visión, el indicador puede ser una herramienta que ayude a obtener los consensos necesarios para trazar políticas superadoras. El dato alentador que aparece al analizar la desagregación es que las transformaciones más importantes que tiene pendiente la Argentina no exigen largos períodos de maduración o procesos políticamente traumáticos. A diferencia de lo que ocurre en otros países de desarrollo intermedio, para aumentar la competitividad en el país no es necesario esperar décadas hasta conseguir mejorar el estado de salud y el nivel de educación primaria de la población, ni aplicar “ajustes” macroeconómicos drásticos. Los temas donde están los principales déficits se relacionan con los estilos de gestión, la falta de previsibilidad en las reglas de juego de la economía y las acciones percibidas como arbitrarias o excesivamente discrecionales.

El cambio es posible de ser encarado con desprejuicio ideológico, idoneidad técnica y coraje político. El desafío puede requerir procesos de negociación políticamente complejos, pero que no son imposibles de conseguir en plazos relativamente breves. Una de las principales ventajas es que no demanda ni largos periodos de maduración, ni costos sociales o sacrificios para la sociedad. El principal beneficio, concreto y de corto plazo, es que puede promover un shock de inversión que permitirá dejar de lado las recomendaciones (cada vez más frecuentes) de que el “enfriamiento” de la economía es el único antídoto disponible para frenar la inflación.

Posición de Argentina en algunos factores del Índice de Competitividad Global