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Capacitación outdoor versus clase tradicional, ¿cuál elegir?

Por: Lucía Victoria Casparro

Tradicionalmente, las actividades de capacitación en las organizaciones se realizaban en aulas convencionales.

No obstante, en los últimos años, muchas han comenzado a optar por la modalidad “outdoor”, donde se pretende desarrollar habilidades en actividades al aire libre como rafting, campamentos y travesías en vehículos todo terreno.

Ante esta ampliación de la oferta de posibilidades de capacitación, ¿cómo elegir?

Ventajas, desventajas, mitos y realidades

1) Educación y entretenimiento

Muchos critican a la capacitación áulica tradicional de ser aburrida y monótona.

Y esto es cierto cuando el docente se limita a exponer un tema sin brindar oportunidad para la participación.

Así, muchos asistentes acaban con una sensación de aburrimiento y de no haber aprendido.

Las actividades outdoor, por el contrario, ofrecen experiencias entretenidas, interactivas y vivenciales. Es decir, un proceso ameno de aprendizaje.

Aunque también es cierto que esta ventaja dependerá de cómo sean organizadas. En ocasiones, estas actividades son muy riesgosas y exponen innecesariamente a los participantes.

Si esto sucede, el outdoor pierde el potencial de brindar un proceso de aprendizaje entretenido para convertirse en una situación crítica.

2) Los costos de la capacitación

En la mayoría de los casos, una actividad outdoor resulta más costosa que el aprendizaje convencional. En efecto, la organización debe afrontar gastos de traslados, estadías, seguridad, etc.

Y esto debe ser tenido en cuenta a la hora de tomar una decisión. ¿Los beneficios en términos de desarrollo de habilidades de una actividad outdoor justifican sus costos significativamente superiores?

3) Transmisión y aplicación del conocimiento

Una crítica tradicional a las actividades outdoor es que, si bien los participantes se divierten, olvidan muy rápido lo que aprendieron.

En efecto, al regresar de estas actividades, suelen escucharse frases como las siguientes: “¡qué bueno que pude conocer lo que es el rafting!” o “¡me encantó viajar con mis compañeros!”

Desde luego, se trata de frases muy positivas, aunque no es eso lo que busca una organización a la hora de elegir un método de capacitación.

Sin embargo, también es cierto que las actividades convencionales no son inmunes a esta crítica.

En última instancia, lo que está en juego es la capacidad de cada método para fomentar la transferencia de conocimiento y su aplicación en la labor diaria de los empleados.

Tanto el método outdoor como el tradicional, son incapaces de asegurar por sí solos este objetivo.

La verdadera disyuntiva no se plantea entre capacitación outdoor o convencional sino en el enfoque con que la organización aborda el desarrollo de sus recursos humanos.

Una actividad aislada (convencional o outdoor) probablemente no tendrá un impacto duradero en el aprendizaje. Los resultados sólo llegan cuando se concibe al desarrollo como un plan coherente de mediano y largo plazo.

Pero, ¿cómo elegir el modelo de capacitación?

A la hora de planificar la capacitación de su gente, las actividades áulicas deberían ser la primera opción.

Sin embargo, para evitar el aburrimiento típico de este método, las clases deberían adoptar un modelo participativo.

Una buena opción consiste en incluir actividades lúdicas, didácticas o juegos que sirvan como disparadores y generadores de la dinámica del grupo. En tanto que el instructor debería ser un facilitador que fomente el debate entre los participantes.

Ahora bien, llega un momento en que los capacitadores puedan desear profundizar el desarrollo de alguna habilidad o actitud que ya se ha estado trabajando en los talleres.

Y, en este punto, es posible evaluar la conveniencia de una actividad outdoor para agregar un valor que no puede encontrarse en las clases tradicionales.

En otras palabras, las actividades outdoor deben concebirse como un complemento de la capacitación convencional (o de modalidades a distancia como el e-learning) y nunca como la única opción.

Si no se tiene en cuenta este punto, probablemente la organización acabará desperdiciando valiosos recursos en una actividad que, más que una instancia de aprendizaje, sólo será un evento recreativo o puramente turístico.


Fuente: Materia Biz

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