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Educar las Emociones

Por: Lic. Patricia Gubbay de Hanono y Lic. María Marta Capurro

Aumento de la violencia en las escuelas: entre los alumnos, de padres a docentes, de docentes a padres, de docentes a alumnos y de alumnos a docentes. Dificultades de aprendizaje, falta de interés. Todo nos habla de conductas desadaptativas, de comportamientos disruptivos frente a un mundo con una enorme crisis de valores. Nos habla también de falta de modelos, de exigencias cada vez más crecientes que nos someten, a grandes y chicos, a altos niveles de estrés.

Se trata de un contexto que cambia permanentemente, que nos deja sin respuestas, frente a la irrupción de las emociones, sin filtro, sin barreras, sin ninguna clase de mediación de la razón y la palabra.

Estamos frente a una enorme carencia de herramientas para manejar las distintas emociones que surgen frente a la realidad de cada día. Especialmente en niños y adolescentes la ansiedad, el estrés, la violencia, el consumo de sustancias tóxicas, la depresión, las dificultades en las relaciones nos revelan problemas serios en el manejo de las emociones.

¿Qué son las emociones? “Las emociones regulan el funcionamiento mental, organizando tanto el pensamiento como la acción. En primer lugar, establecen las metas que nos son prioritarias y nos organizan para llevar a cabo ciertas acciones concretas” (Fridja,1986).

Las emociones establecen metas hacia las que se dirigen nuestras acciones; esto convierte a los afectos en motivadores y determinantes de las conductas. Las emociones nos dan señales de qué es importante para nosotros y nos organizan para la acción, mientras que los pensamientos nos dan los medios para llevar a cabo la acción. Los pensamientos son necesarios, además, para el posterior análisis de situación y para poder reafirmar o corregir nuestras valoraciones automáticas. Tienen también la función social de comunicar al otro cómo nos sentimos. La integración de emoción y razón nos permitirá una conducta más adaptativa. Es la emoción la que nos dice qué nos está afectando y nos permite establecer metas alcanzables y mejorar la supervivencia.

Cabe destacar la importante función que tienen las emociones en el desarrollo personal; sus efectos se traducen en los procesos mentales alterando nuestras percepciones, razonamientos, lecturas de la realidad, memorizaciones, etc.

Pero, ¿pueden educarse las emociones? ¿Dónde? ¿En la escuela? Por supuesto, desarrollar competencias emocionales es, sin duda, una forma de prevención de todas las patologías y disfunciones de las que venimos hablando. Generar recursos y estrategias para detectar y manejar las emociones es algo posible y muy fructífero.

Y esto puede ser realizado desde la escuela, que tradicionalmente se ha centrado en el desarrollo cognitivo restando importancia al desarrollo emocional. No ha tenido en cuenta, precisamente, que las relaciones interpersonales que tanto espacio ocupan en la edad escolar están absolutamente empapadas de emociones. No ha tenido suficientemente en cuenta que el desarrollo cognitivo autónomo se ve atravesado por procesos emocionales.

Hoy debemos tratar de educar también el afecto, capacitar a los niños y a los jóvenes en las destrezas necesarias para el conocimiento y el manejo de las emociones: ayudarlos a alcanzar el control de impulsos, el manejo de la propia ira, la búsqueda de soluciones creativas en situaciones difíciles.

Como dice Daniel Goleman, en su libro La inteligencia emocional “…llevar la alfabetización emocional a las escuelas convierte las emociones y la vida social en temas en sí mismos, en lugar de tratar estas facetas apremiantes en la vida cotidiana del niño como estorbos sin importancia…o relegándolas a ocasionales visitas a la oficina del director…”.

Si pensamos en los altos índices de fracaso escolar, abandono, fobia escolar, estrés frente a las situaciones de evaluación, etc. descubrimos en todos ellos emociones específicas como el miedo, la ira, la vergüenza, la apatía, la desvalorización de sí mismo. Todo esto se relaciona con desajustes emocionales.

Shapiro nos hace notar la siguiente paradoja: “…mientras cada generación de chicos parece volverse más inteligente, sus capacidades emocionales y sociales parecen estar disminuyendo”.

Los objetivos de esta educación emocional deberían ser, en principio:
– Poder reconocer las distintas emociones y, así, manejarlas.
– Integrar sentimientos y pensamientos para poder expresarlos de manera adecuada y productiva.
– Comprender los sentimientos de los otros, desarrollar empatía.

La educación emocional no se propone cambiar la razón por la emoción, sino cambiar el modelo tradicional de pensamiento-acción por un nuevo modelo de emoción-pensamiento-acción más en consonancia con la misma naturaleza humana y con la finalidad de aumentar el bienestar personal y social.

La dimensión del apoyo emocional de los docentes pasa a ser esencial. La enseñanza debe incluir la entrega de herramientas para la mejora de las competencias emocionales que permitan afrontar con el mayor éxito posible las dificultades con las que el niño se enfrente ahora y con las que se va a enfrentar en el futuro.

Después de la familia, la escuela es el segundo agente de socialización de los niños; allí se despliegan situaciones complejas a modo de escenarios de preparación para la vida. En este proceso, la intervención del docente, la interacción con los alumnos y la retroalimentación que el docente les da tienen un papel fundamental. Los docentes deben promover una escucha activa, usar metodologías que favorezcan la cooperación, la interacción, la reflexión, el diálogo, la aceptación de diferentes posturas.

¿Cómo integrar la educación emocional al currículo escolar?
En muchos lugares del mundo se ha tomado consciencia de la importancia de la educación emocional para prevenir los problemas de violencia, ansiedad elevada, estrés, depresiones, etc., que tanto afectan a nuestra sociedad. Como consecuencia, teniendo en cuenta que el 50% de las enfermedades mentales comienzan en la infancia, se han ido implementando programas de capacitación destinados a orientar a los docentes para manejar los aspectos emocionales del alumno.

Hay diferentes programas posibles. Algunos se centran en una materia curricular en la formación del docente, otros apuntan, por ejemplo, a crear la figura del profesor tutor para la enseñanza secundaria, otros a programas específicos para docentes ya graduados. Ninguna de estas formas es más efectiva o eficiente que las otras, mucho dependerá de las circunstancias. Sin embargo es difícil lograr resultados socialmente apreciables con experiencias aisladas.

A nuestro entender una primera aproximación estaría dada por la toma de sencillas pruebas, cuestionarios que nos permitan evaluar en forma individual las capacidades emocionales de los alumnos, sobre todo en momentos de transición: preescolar-1° año de EPB, 3°-4° año de EPB, 1°-2° año de la ES y luego en 3° polimodal /6° año ES.

Luego de esto la aplicación del Programa para Educar las Emociones a todos los grupos. De todas maneras frente a dificultades específicas como: miedos, depresión, problemas con el manejo del enojo, baja autoestima, ansiedad de separación en los más chiquitos etc. pueden ser tratadas con programas específicos diseñados para tal fin.

A la vez debiese llevarse a cabo una intensa capacitación para los docentes en actividad, cuyo tiempo no debiese ser mayor al requerido por los cursos habituales de actualización, dos horas una vez por semana durante tres meses para un curso intensivo o bien dos horas cada quince días durante seis meses serían suficientes.

Más ambicioso pero a la vez más efectivo, sería lograr incluir en la currícula de los profesorados la Educación Emocional como parte de la formación docente básica, para así lograr el mejor desempeño y eficacia de una tarea que consideramos de un valor fundamental en nuestra sociedad.

A modo de conclusión
Numerosos estudios evidencian que las personas emocionalmente inteligentes poseen mejor nivel de ajuste psicológico y de bienestar emocional, una mayor cantidad y una mejor calidad de redes interpersonales y de apoyo social. Evidencian también que son menos propensos a comportamientos disruptivos, agresivos o violentos y que tienen mejor rendimiento escolar ante situaciones de estrés.

Educar en el campo afectivo y emocional es una tarea necesaria. Representa en esencia una tarea de prevención indispensable para reducir, actuando desde la infancia y adolescencia, trastornos mentales cada vez más frecuentes en la sociedad de nuestro tiempo. Por lo tanto, el sistema escolar en su conjunto debe centrarse no solo en el desarrollo de habilidades cognitivas sino debe favorecer el desarrollo emocional y contribuir así al bienestar tanto personal como social del estudiante.

El conocimiento emocional de los docentes es el aspecto fundamental para el aprendizaje y el desarrollo de las diferentes competencias emocionales en los alumnos. Los docentes emocionalmente más “inteligentes”, con mayor capacidad de percibir, comprender y regular las propias emociones y las de los demás serán quienes tendrán mayores recursos para dar respuesta a los embates cotidianos de su tarea, a la interacción con colegas, padres y alumnos.

Ellos representarán, sin duda, el modelo de docencia que necesitamos y contribuirán de manera ponderable al bienestar actual y futuro de sus alumnos. Ayudando así a generar una mejor calidad de vida para ellos y su entorno. Prevención, esa es la clave.

– Acerca de Hémera:
Hémera es una institución dedicada al tratamiento de los problemas que provocan la ansiedad y el estrés patológicos en los distintos ciclos de la vida.

El objetivo de la terapia propuesta está centrado en la recuperación del problema que padece la persona afectada, no sólo en la comprensión de las causas que los generan, ya que los pacientes que acceden a un tratamiento, muchas veces logran entender lo que les pasa pero no logran superar el problema que los afecta.

En Hémera se cuentan con instrumentos para evaluar y llevar a cabo tratamientos focalizados específicamente en los problemas relacionados con la ansiedad y el estrés patológicos, lo que posibilita alcanzar cambios efectivos y duraderos.

El equipo de profesionales y consultores cuentan con una trayectoria destacada en estas áreas, asegurando de este modo una indicación precisa de los tratamientos consensuados y aprobados en este tipo de problemas, que aquejan a un número creciente de personas en todo el mundo.

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