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Estrés y Disestrés en la Mujer: ¿Epidemia de nuestro tiempo o una afección de siglos de evolución?

El estrés es una respuesta normal que tiene el ser humano de acuerdo con la interpretación y evaluación consciente e inconsciente que realiza frente a una situación, dándole el significado de amenazante y / o perjudicial. Es un mecanismo de defensa inherente a la herencia filogenética que se activa cada vez que se desorganiza el equilibrio del cuerpo e implica un proceso fisiológico.

Cuando esa situación de perturbación permanece en el tiempo sin posibilidad de dar una respuesta satisfactoria, se produce el disestrés, que involucra una serie de mecanismos que pueden conducir a una enfermedad o agravar el curso de la misma.

Para responder a la pregunta de si el disestrés es una epidemia de nuestro tiempo o una afección de siglos de evolución debemos tener presente que la mujer ocupa una posición dentro de la familia y de la sociedad que es inseparable de los cambios económicos, los modelos culturales, las normas y los valores. Ha sido y es sostenedora de los lazos afectivos. Como ejemplo recordemos que durante el importante movimiento migratorio que se produjo en nuestro país durante el siglo pasado, la mujer tuvo un rol fundamental en la construcción de una identidad, de establecer y significar entre los integrantes de esa familia y del grupo social que la rodeaban relaciones de similitud y diferencia de cómo ser o llegar a ser.

Por otro lado se ha elaborado otra concepción de la mujer más allá de la atadura de la maternidad, que era un modelo de dependencia y subordinación.
Sin embargo de la alienación de pensar el cuerpo de la mujer como reproductor se está llegando a la alienación de un cuerpo donde se estimula el borramiento del paso del tiempo, erotizado permanentemente a expensas del deseo del otro. Cambio del desencadenante de disestrés.

La Medicina, particularmente desde el aspecto cardiovascular comenzó a reconocer en la mujer la especificidad de los problemas médicos, transmitiendo a ella información acerca de la prevención de las enfermedades cardiovasculares.

La realización de entrevistas en profundidad y encuestas, nos muestra como síntoma social e individual la desestima de la prevención primaria y secundaria de la enfermedad cardiovascular por parte de la mujer, fundamentalmente en las generaciones jóvenes: alcohol, drogas promiscuidad.

“Existe un quiebre entre la información que la mujer recibe y el trabajo psíquico necesario para procesarla y elaborar un pensamiento con una conducta acorde. Esta contradicción entre la información que recibe y los hechos está vinculada con variables psicológicas, sociales, económicas y culturales que no promueven la salud como “el estado de bienestar psíquico, físico y social”, sino que lamentablemente la relacionan con el éxito alcanzado a través de logros estéticos cuando no económicos. Esta es la epidemia” señala la Dra. María Cristina La Bruna, coordinadora de Psicopatología del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires.

Hay una distancia entre la amplia información médica que la mujer recibe y la posibilidad de sostener una conducta acorde, que repercute en la transmisión a las generaciones que le siguen. La educación médica no alcanza la expectativa esperada que es: trabajar en prevención es invertir en salud.

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