Hace muchos años, un profesor de la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard (luego presidente de la de Yale) dijo en una charla en la Escuela de Administración de dicha universidad que la primera producía casi tantos ejecutivos como la segunda. Sus palabras impactaron en la audiencia y lograron inquietarla. ¿Era mejor estudiar administración o derecho para desarrollar una carrera en una empresa?
Los programas de administración y sus egresados, especialmente los MBA, se multiplicaron con el paso de los años y parecían ganar la competencia. La escuela citada señaló con frecuencia que sus egresados constituían el porcentaje mayor de los presidentes de las empresas más importantes. Luego le llegó el turno a la cooperación y las escuelas antes mencionadas organizaron un programa conjunto de administración y derecho, vigente hasta la fecha, de cuatro años, luego de los cuales cada una de éstas otorgaba el título correspondiente.
En los últimos años comenzaron a aparecer artículos en las revistas especializadas en los que se hace notar que aumentó el porcentaje de CEO de grandes empresas que son abogados. Estos son, en general, profesionales vinculados por su trabajo al mundo de los negocios. Los artículos no son tan numerosos como para identificar una tendencia definida o que hagan sospechar de una revolución organizacional, pero sí suficientes como para que el hecho se haya notado. Business Week señaló en diciembre de 2004 que, según un estudio realizado por una compañía reclutadora de ejecutivos, el 10,8% de los CEO de las 500 empresas incluidas en un índice elaborado por Standard & Poor había egresado de escuelas de derecho. Otro estudio sobre la base de otra muestra llegó hasta un 33% (el doble de lo que un estudio similar había encontrado seis años antes).
¿A qué se debe el aumento en el número de CEO abogados en Estados Unidos? Se citan varios motivos.
* Las reformas que una nueva ley, conocida como Sarbanes-Oxley, un mecanismo para endurecer los controles de las empresas.
* El aumento de los litigios encarados por las compañías y los riesgos conexos.
* Los escándalos que tuvieron lugar en su seno en los últimos años.
* Las investigaciones de agencias gubernamentales.
* Las regulaciones gubernamentales que afectan a determinadas industrias.
* El manejo de una organización en medio de una crisis.
* El hecho de haber trabajado con muchas personas en distintos niveles y áreas de la organización.
* El conocimiento de la organización por haber trabajado con el CEO que se retira y el hecho de ser conocido por el directorio de la empresa.
No todas las opiniones están conformes con la llegada de los abogados a estas posiciones. Quienes se oponen dudan acerca de su capacidad de liderazgo. Señalan su desconocimiento de aspectos básicos como contabilidad y finanzas, la frecuencia con que ponen obstáculos, su posible aversión al riesgo y su falta de experiencia en el manejo de equipos de trabajo grandes. Otros rechazan de plano estas opiniones y dicen que no son más que prejuicios.
Se señala que un excesivo celo por controlar el cumplimiento de todas las normas puede conducir a un resultado menos exitoso desde un punto de vista económico. Lamentablemente, no es fácil encontrar un estudio en el cual se comparen los resultados de empresas dirigidas por abogados con los de otras dirigidas por MBA.
Quizás al lector le interese conocer que otra charla de la misma época en la universidad citada al principio que aludió a estudios de derecho estuvo a cargo de Fidel Castro.
Durante su visita a Estados Unidos pocos meses después de su entrada en La Habana habló ante los estudiantes que se habían reunidos en una fría noche de Boston para escuchar sus palabras. Dijo en aquella oportunidad que sus luchas políticas lo habían obligado a dejar la práctica del derecho, pero que a su término mucho le gustaría profundizar sus estudios en la universidad donde hablaba. Esto le valió un aplauso cerrado. Como se sabe, nunca más volvió.







