Inicio Empresas y Negocios La adicción al trabajo y la tecnología hace difícil relajarse en vacaciones

La adicción al trabajo y la tecnología hace difícil relajarse en vacaciones

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Un caso testigo. Una médica cirujana, profesional independiente capaz de hacer y deshacer montañas, sufre de un enganche “loco” con su trabajo. No puede “desenchufarse” ni un minuto. Difícil que se olvide el celular, o que pase de largo los correos electrónicos. O que logre sustituir los informes científicos más recientes por un paseo bajo el sol. No obstante, y pese a ella, un buen día la vida le cierra la puerta de un golpe. De vacaciones, en plena ilusión de descanso, sufre una crisis de ansiedad. Al quinto día de estar en la playa, tiene un ataque de pánico. Y su crisis no es una situación aislada. Como ella, son muchos quienes en tiempos de receso laboral no aflojan ni un poquito y pueden concluir en una crisis de ansiedad veraniega, fatal.

La ansiedad y sus trastornos son tan viejos como las civilizaciones. Sin embargo, en los últimos años se agravaron por el ritmo que el uso de las nuevas tecnologías sumó al aceleramiento propio de la modernidad, la presión de la competencia laboral y la exigencia de la industria del consumo. Según estimaciones del Centro de Estudios Especialista en Trastornos de Ansiedad sede Pilar cotejados con datos de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad, en los últimos 15 años el número de argentinos que sufre algún tipo de trastorno de ansiedad saltó del 3% al 5%.

“En determinadas personas, la comunicación racional o informativa tiene características de compulsión. Tienen que estar comunicadas porque creen que así controlan su entorno y su vida. Muchas de estas personas logran desconectarse en vacaciones. Pero muchas otras, no”, afirma el especialista en clínica médica Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés.

Las personas ansiosas que durante los 15 o 20 días en las sierras o en la playa no logran desenchufarse corresponden a dos tipos de pacientes, según López Rosetti: los adictos a las comunicaciones y los pacientes que tienen serias dificultades para delegar responsabilidades. “Explotan en las vacaciones porque la disminución de la conducta de híper comunicación, al igual que dejar de comer o de fumar, les produce abstinencia”, explica el especialista.

Para otras personas con niveles elevados de ansiedad o estrés, por el contrario, el mismo contexto les hace imposible olvidarse de las rutinas del año y relajarse. A diferencia de hace apenas una década, hoy en casi todos los destinos de veraneo hay disponibles redes celulares y conexiones de Internet, además de dispositivos personales que permiten la conectividad constante, como las notebooks y las palms (ver Revolución…).

“Si los caudales de ansiedad no bajan en vacaciones o, por el contrario, suben, el período de receso termina transformándose en un estrés en lugar de un descanso”, detalla Gabriela Martínez Castro, directora del Centro de Estudios Especialista en Trastornos de Ansiedad sede Pilar.

Y así como la ansiedad, tal y como explican los especialistas, es una emoción natural que protege a las personas de situaciones de peligro (el apetito genera también ansiedad y no sólo hambre, o la ansiedad que produce cruzar la calle y dar un paso hacia atrás al venir un auto), “cuando se eleva por encima de lo necesario interfiere en la vida cotidiana de las personas e impide realizarla normalmente”, dice la psicóloga Martínez Castro, experta en estos trastornos.

Los trastornos de ansiedad tienen una triple causa. Una genética (familiares de primer grado ansiosos); otra de crianza (haber crecido en un ambiente ansioso) y una tercera, la devenida de situaciones de estrés. Sus principales síntomas son inseguridad, miedos, irritabilidad, agitación psicomotriz, taquicardia, sudoración, problemas gastrointestinales, ahogos, temblores, contracturas musculares, entumecimiento, mareos y cefaleas.

La conflictiva de los trastornos de ansiedad en vacaciones no reside sólo en el sufrimiento del paciente, sino en cómo afecta al resto de los miembros de la familia que, en lugar de gozar del mar y el calorcito cayendo sobre la piel, se ven obligados a tomar riendas en el asunto. Y a contener a ese ser querido para pasar la crisis y consultar, a la vuelta, a un especialista

Consejos
La mayoría de las personas son ansiosas porque es un estado natural del ser humano. Sin embargo, una porción sufre niveles de ansiedad tan altos, que en algún momento -que incluso pueden ser las vacaciones- llegan a interferir en el curso normal de sus vidas. Estos son algunos consejos para evitar que eso suceda:

Tratar de mantener a lo largo del año una agenda que equilibre obligaciones y ocio.

Para el buen manejo del estrés es necesario que la persona asuma que necesita un cambio de mentalidad. Lo que los expertos llaman “un adecuado procesamiento de la información”. Esto es, intentar ser más realista porque las personas muy ansiosas suelen anticiparse a los acontecimientos en forma catastrófica o negativa. Ambos enfoques producen más estrés y, por supuesto, ansiedad.

Dormir ocho horas diarias y alimentarse en forma balanceada.

Aprender a delegar. Las personas muy ansiosas necesitan mantener su entorno bajo control. “Eso es una ilusión. Son personas que necesitan romper la falsa creencia de que hacen mejor y más rápido que nadie las cosas”, indica Martínez Castro.

Los trastornos más comunes
La ansiedad es parte del estado natural del hombre. Es una emoción que permite que las personas conserven su vida. Pero hay personas cuyos niveles de ansiedad suelen ser muy altos y son las que están más expuestas a sufrir un trastorno de ansiedad, incluso en época veraniega y en particular si no abandonan el uso excesivo de las comunicaciones. Este hábito, relativamente nuevo, les viene como anillo al dedo para controlar el mundo que los rodea, así como para seguir trabajando y no delegar en nadie sus obligaciones.

En cuanto a los trastornos de ansiedad, los más comunes son:

Trastorno de ansiedad generalizada. Es un tipo de preocupación constante y excesiva sobre una amplia gama de acontecimientos y situaciones. Produce inquietud, fatiga, falta de concentración. El paciente imagina situaciones horribles si un familiar se retrasa o no contesta el teléfono.

Agorafobia. Es el marcado temor a alejarse de la casa o a caminar sola por la calle. Los primeros síntomas son taquicardia, ahogo, mareos, dolor en el pecho, sensación de desmayo, hormigueos en las piernas, miedo general intenso.

Trastorno de ansiedad social. Temor a ser evaluado por la gente. Dificultad para comer en público y relacionarse con desconocidos. Sus síntomas son: timidez extrema, sudor, tartamudeos y temblores.


Fuente: iEco

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