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La organización como red de conversaciones donde todos somos agentes

Vivimos insertos en un mundo con tantas contradicciones que terminamos por asimilarlas como naturales. Si pusiéramos una lupa imaginaria sobre las organizaciones empresariales o institucionales de diversos tipos, veríamos con claridad hasta qué punto estas contradicciones suelen perturbar los ambientes laborales.

Por ejemplo, es común escuchar que personas muy eficientes se sienten insatisfechas y hasta padecen situaciones de sufrimiento en las organizaciones para las que trabajan. De igual modo, entornos laborales dominados por la desconfianza o la resignación albergan importantes recursos tecnológicos y un rico capital humano que potencialmente les permitiría afrontar los desafíos de cualquier actividad.

¿Hay posibilidades de revertir este tipo de situaciones? Quienes promovemos el coaching organizacional afirmamos que sí. Que es una cuestión de cambiar los modos de observación y, en especial, de modificar la manera de concebir las organizaciones.

El coaching organizacional está instalando una nueva cultura dentro de las empresas, a partir de considerarlas como redes de conversaciones donde directivos y colaboradores pasan a ser agentes; todos tienen algo para decir, algo para escuchar y algo para modificar. Así concebidas las instituciones, como redes conversacionales, el coaching organizacional conecta a cada uno de los agentes con sus propios recursos y con su capacidad de intervenir en pos del logro de resultados importantes, tanto en el plano individual como en el conjunto de la organización.

Cuando se comprende que todos estamos insertos en grandes redes conversacionales, y que esas conversaciones suponen una interacción entre las personas, lejos de las respuesta s estereotipadas o de juicios previos, se produce un cambio de paradigma en el interior de las instituciones. Ya no se trata de hacer lo que alguien ordenó que se haga, de aceptar pasivamente lo que otro decidió o de reaccionar ante una demanda externa, sino que implica un compromiso personal basado en la relación y la confianza.

Sentirse parte de una red de conversaciones implica que cada uno de los integrantes se transforma en un observador, que tiene en cuenta los aspectos esenciales que constituyen la organización: las personas, en primer lugar, las estructuras formales e informales, los objetivos estratégicos y los resultados.
Un cambio en el observador aporta nuevas posibilidades de acción, porque cuando más gente sea capaz de observar, más posibilidades se encontrarán de pensar y actuar. Las responsabilidades sobre los resultados ya no están supeditadas a la decisión de un líder o de un pequeño círculo de directivos iluminados que concentran toda la información.

La diferencia del coaching organizacional respecto de cualquier servicio de consultoría, es que no se trata de una técnica ni de una asesoría externa que dice lo que hay que hacer, dando consejos o señalando errores, sino que es una forma de intervención basada en un modelo de observación. Las acciones realizadas por cada persona y los resultados que obtiene dependen del tipo de observador que es. Cuando cada uno se posiciona como un “nuevo observador”, es decir, cambiando el lugar desde el cual observa, las organizaciones se nutren de estas múltiples observaciones que identifican problemas que no fueron vistos o que encuentran formas de cambiar situaciones que parecían inmodificables.

Las instituciones pueden modificar sus paradigmas internos de trabajo y del mismo modo replantearse sus percepciones del entorno que las rodea. Al cambiar la observación se pasa a comprender que el mercado no es un dominador de “afuera” que puede someter a las empresas a sus designios indiscutibles, sino que éstas forman parte y son agentes dinámicos de transformación, que pueden establecer distintas clases de diálogo y actuar en consecuencia. Dado que no existe “un” mercado homogéneo y rígido, sino mercados en plural, cada uno de ellos propone un tipo particular de conversación, con sus propias características y condiciones, todas capaces de entrar en conversaciones múltiples y, por lo tanto, de modificarse.