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La relación entre la belleza física y el éxito laboral

Por: Jorge B. Mosqueira

Las conclusiones de algunos estudios sobre la relación entre la belleza física y el éxito laboral son peligrosas. No está en cuestión la buena o mala fe de los científicos, sino la posibilidad de interpretaciones irreflexivas, producto de lecturas ligeras y de los prejuicios que siempre están al acecho.

Según las estadísticas elaboradas por Daniel Hamermesh, las personas feas reciben, en promedio, alrededor de un 12% menos de remuneración, por debajo de las lindas . Esto sucede en Canadá y Estados Unidos. En Shanghai o Gran Bretaña las diferencias son mayores. El dato es preocupante porque significa que existe, de hecho, una discriminación por índice de fealdad que sería muy complicado legislar y, por lo tanto, evitar.

Más compleja aún es la conclusión de que la gente bella puede producir más ganancia a sus empleadores que los menos bellos. Este argumento daría la base económica necesaria para justificar cualquier selección arbitraria, pero, además, se agrega otro dato: la belleza se interrelacionaría con otras características como la salud, mejores genes e inteligencia.

Es fácil entender este proceso a partir de Darwin. Si los bellos logran mejores niveles de vida a través de mayores sueldos, su alimentación y educación serán superiores a los no bellos, por lo que se reproducirán en mejores condiciones ambientales. A largo plazo se constituirá una sociedad de elite, digna de las más aterradoras propuestas de la ciencia ficción.

Hay mucha tela para cortar si abordamos estos asuntos con seriedad. Está claro que hay un énfasis puesto sobre la belleza física que invade todos los terrenos. La prueba más inmediata se obtiene prendiendo el televisor. Hay que diferenciar, sin embargo, los objetivos de un show respecto de los puestos de trabajo que no están diseñados para la mirada colectiva.

Por otro lado, la belleza humana es una categoría relativa que responde a percepciones vigentes en distintas épocas. El ejemplo más conocido es el de las mujeres pintadas por Rubens, que por sus anatomías rollizas y rubicundas no obtendrían hoy con facilidad ningún puesto. En el siglo XVII eran furor.

Otro investigador, Randy Thornhill, descubrió que las moscas escorpión con alas más simétricas tenían mejores posibilidades de apareamiento. Se atrevió a trasladar la simetría como cualidad estética de los seres humanos.

Nuevas conclusiones rápidas:

* No somos moscas.
* Hay diferencias entre un trabajo y el apareamiento, aunque a veces tiendan a confundirse.
* Quien hoy es lindo, mañana puede ser feo y viceversa.
* Si entramos a una empresa y encontramos que todos son lindos , preguntémonos a qu se debe.


Fuente: La Nación

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