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Las buenas playas del sur bonaerense

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Allí donde la “panza” del territorio de la provincia de Buenos Aires se cierra, la costa comienza a mirar hacia el sur y el paisaje se torna particularmente atractivo.

La característica general de las playas del sur bonaerense es que tienen costas muy amplias, que se extienden por decenas de km, casi todas enmarcadas por medanales, bosques de pinos o eucaliptos, barrancas arenosas y acantilados sugestivos, en una encantadora síntesis de pampa y mar. Dotados de todos los requerimientos para una estadía placentera, los balnearios ofrecen un plus de zona agreste, playas desiertas y atractivo salvajismo.

La región se caracteriza por los vientos constantes, que permiten la práctica de surf o windsurf. Las aguas suelen ser agradables y el viento norte suele acercar corrientes cálidas. Son sitios ideales para deportes como la pesca y, desde ya, para moto cross, bicicletas o largas y placenteras caminatas.

De Mar del Sur a Quequén
La villa balnearia Mar del Sur, a 16 km de Miramar, nació hace más de 100 años, empujada por un proyecto casi faraónico. La calidad de sus playas y su clima señalaron el lugar como centro de un proyecto que buscaba convertir este desolado paisaje en el “gran balneario argentino”. Técnicos llegados de Alemania señalaron que era el mejor lugar de la costa atlántica, y allí, en la década de 1880, se fundó Mar del Sur y se comenzó a construir el Hotel del mismo nombre, de estilo europeo, sin precedentes en la costa atlántica y uno de los primeros en la Argentina que atrajo a gran cantidad de turistas de todo el país. Con los años fue destruido por el avance de los medanos, pero aún quedan algunos vestigios de las primeras construcciones.

Las playas son sin duda el principal imán de la localidad, pero también es recomendable recorrer el Museo Punta Hermengo, que tiene un sector destinado a las ciencias naturales y una interesante área histórica, con imágenes y artefactos de labranza. Y es imperdible la laguna La Ballenera, paraje recreativo de inigualable belleza, a 6 km del centro.

Por la ruta 88, a casi 30 km de Miramar, Centinela del Mar constituye la gran reserva turística de General Alvarado. Este caserío disperso y pintoresco se agrupa alrededor de una reserva arqueológica, y ofrece una arena fina y amarilla para disfrutar en soledad. Es un importante punto para la pesca, reservorio de especies de alto valor deportivo y comercial. Además, la laguna de Los Palos, muy cerca, tiene una rica fauna de carpinchos, patos, gallaretas y perdices, entre otras especies.

Cuarenta km al sur, una enorme extensión boscosa baja abruptamente hacia el mar y conforma lo que con justicia se ha dado en llamar Arenas Verdes. Muy cerca, un puñado de casas se asoma a un mar turquesa que sorprende por su limpidez y la dimensión de sus playas. Es Costa Bonita, balneario silvestre con casas que obedecen a las irregularidades del terreno y campos que parecen penetrar, mansos, en el mar.

Las costas de Quequén son muy frecuentadas por los surfistas, aunque tienen también sus atractivos para los adoradores del sol. Quizás lo que marca la diferencia con otras playas es que Quequén tiene una larga lista de barcos encallados o hundidos, lo que constituye un particular atractivo. En estas playas desemboca el río Quequén Grande, donde se practica rafting y kayak. Otra diferencia es que Quequén tiene un gran puerto. Los muelles y escolleras, el viento entre sus inmensas grúas y los enormes barcos allí amarrados agregan grandiosidad y leyenda a esta ciudad antigua.

A poco más de 100 kilómetros de Mar del Plata, Necochea tiene, según afirman sus moradores, las playas más anchas de toda la costa atlántica. En algunos balnearios alcanzan los 300 metros y se extienden a lo largo de 72 km. Aún las que están muy retiradas del centro, hacia el sur, tienen balnearios de acceso público, canchas de vóley y bajadas de 4×4.

Para los amantes del juego, el legendario casino de Necochea es un hito insoslayable, y referencia también para los que no juegan, pues su edificio en forma de elipse acostada se ubica justo frente al mar, en el centro del balneario. No muy lejos, en dirección sur, se encuentra el Parque Miguel Lillo; unas 500 ha arboladas con ejemplares añosos y un anfiteatro en el centro, refugio ideal ante el calor o el viento. En el Campo Scout, camping administrado por la Asociación Civil Scouts de Argentina, se puede acampar, hacer fogones y alquilar bicicletas, carritos y caballos.

A 35 km del balneario, por las avenidas 2 ó 10 y caminos de tierra, se llega a Las Grutas, magníficas cuevas que configuran un espectáculo extraño y fascinante. Otra propuesta es pasar por Las Cascadas, 6 km río arriba del Quequén Grande. En estos saltos de agua naturales se puede hacer picnic y pescar.

Tres destinos para soñar
Claromecó, -“tres arroyos”, en araucano- está en el partido que lleva ese nombre, a 64 km de la cabecera. Sus apacibles y extensas playas y la acogedora temperatura de sus aguas, no se ven perturbadas por los 80 mil turistas que suelen veranear aquí, dispersos en sus inmensas costas. En la zona existen tres balnearios: el mayor y más conocido, Claromecó, y otros dos que sólo gozan algunos elegidos que supieron llegar a tiempo: Reta y Orense. Cada año son más los turistas que llegan a estas costas, pero su oferta hotelera sigue siendo limitada.

Orense y Reta están preservadas de las muchedumbres por no estar unidas entre sí por la playa, ni con Claromecó. Hay que volver a la ruta hacia Tres Arroyos y desde ahí hacia el este, llegar a Orense, un puñado de casas entre calles caprichosas, con una curiosa sorpresa: en la misma costa se puede ver el amanecer y el atardecer, efecto extraño y lúdico que hace del lugar una suerte de paraíso recobrado. En otros tiempos se la llamaba Punta Desnudez, y algo de eso hay en este páramo de mar, bosque y médanos. A su vez, San Cayetano, Marisol (cerca de Oriente) y Bahía San Blas (en el extremo sur de la provincia) agregan excelentes lugares de pesca.

Monte Hermoso y Pehuén-Có
Antes de que existiera la actual ruta asfaltada, se ingresaba a Monte Hermoso por dos caminos que serpentean entre eucaliptos: el Sinuoso Este y el Sinuoso Oeste. Aún existen y son ideales para caminatas y paseos en bicicleta. Pero, como es de esperar, son las playas el principal atractivo turístico de la ciudad, entre paisajes de agua, bosque y ríos ondulados. Monte Hermoso no tiene corrientes peligrosas ni declives pronunciados, y el agua es unos cinco grados más cálida que en otros balnearios de la zona. El frente marítimo se extiende por 32 km y alberga la laguna Sauce Grande, espejo de agua dulce que es reservorio de avifauna y paraíso de pescadores y amantes de los deportes náuticos.

A 5 km al oeste de la ciudad se encuentra el paraje Rocas Chicas, con una costa salpicada por “lentes” de sedimentos limo-arcillosos de gran riqueza paleontológica y arqueológica. La erosión marina y su fauna conforman un paisaje costero de singular belleza. Por el camino costero, a 6 km de la ciudad, está La Rambla, un balneario con playas similares a las de Monte Hermoso pero con vegetación indómita; ideal para descansar y observar aves.

En el partido de Coronel Rosales, a 80 km de Bahía Blanca, se encuentra Pehuén-Có, pequeña localidad sembrada de casas decoradas con buen gusto y color, que se abre a una playa típica de estas latitudes, extensa y aplanada, que posibilita la práctica de pesca deportiva, surf, windsurf, caminatas, deportes náuticos, kayakismo, cabalgatas, trekking, bicicleteadas, ecoturismo o turismo paleontológico, todo sin molestar al vecino. En la playa, las familias se entretienen buscando cangrejos y centollas bajo las rocas; también hay anémonas de colores y estrellas de mar en las lagunas que se forman entre mareas. Cuando no hay playa se puede visitar el Bosque Encantado, más de 100 ha forestadas con pinos, eucaliptos y cipreses.


Fuente: Clarín

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