Inicio Empresas y Negocios Urbanismo: antigüo vs. viejo

Urbanismo: antigüo vs. viejo

Por: Arq. Jorge Aslan, Aslan y Ezcurra y asoc.

Las manifestaciones culturales de las ciudades también se expresan a través de su arquitectura. Son las que dan identidad a las urbes. En algunos casos, las construcciones se adaptan al ambiente natural y en otros casos lo transforman por eso es tan importante definir políticas claras de intervención por parte de las administraciones públicas.

Pero hay que tener cuidado de no confundirse y creer que por tener como cualidad el “ser viejo” una construcción deba ser conservada. Es que lo “viejo” no es sinónimo de valioso. No cualquier construcción debe ser cuidada y mantenida. ¿Qué debe tener una edificación para tener ese valor extra? Por empezar, debe ser posible de recuperar, funcionalmente tiene que ser apta para este momento y no para 1850.

Hoy, en la Ciudad de Buenos Aires, el código establece que todo lo que se demuele de antes de 1941 debe pasar por una comisión que decide si ese edificio tiene consecuencias patrimoniales, si es recuperable o intocable. Eso obliga a los arquitectos a ingeniárselas en buscar una solución que no implique cambiar la cara de la ciudad. Una demolición consensuada con un organismo como la comisión de patrimonio es necesaria y ventajosa para todos.

Por ejemplo, este año, en la calle Paraguay entre Paraná y Montevideo se realizó la refuncionalización de un edificio viejo que obtuvo un premio por conservación de patrimonio. Esto se logró rejuveneciéndolo pero sin cambiar el aspecto del edificio. Sin embargo, adentro se hizo un trabajo muy interesante de modernización.

Es algo que sucede en las más grandes y célebres ciudades del mundo: se apuntalan las fachadas y adentro se hacen edificios nuevos.

Por ejemplo, si en Italia no se conservara el patrimonio arquitectónico se perderían los 60 o 70 millones de turistas que la visitan permanentemente. A nadie se le ocurriría tocar ciertos edificios. Roma arrasada y convertida en Puerto Madero no sería Roma.

Eso no significa que no se construya en Roma, los edificios modernos están afuera de la ciudad. De todas forman, en algunos casos lo que se hace es la conservación de fachadas y por dentro se realizan muy buenas intervenciones y edificios 100% funcionales a nuestros tiempos.

Un buena muestra a nivel local es el edificio de Fundación Proa en la Boca donde se hicieron obras de remodelación, se destacaron todos atributos de calidad y se mantuvo el perfil del entorno.

La contracara de esto es un tema que todavía no está resuelto y es la pérdida monetaria de los edificios que se catalogan como importantes para conservar el aspecto de la ciudad. Mi estudio es un edificio construido en 1943 por el arquitecto Antonio Vilar, que ha hecho mucho del racionalismo arquitectónico de Buenos Aires como el histórico edificio del Automóvil Club Argentino. Yo no podría construir una torre en este terreno. Eso está bien, porque es una obra valiosa en la historia de la arquitectura porteña. Se debería buscar una legislación que subsidie una diferencia de valor en los edificios catalogados. Si desde el punto de vista del código se pueden construir 3mil metros cuadrados pero resulta que uno tiene la “suerte” o la “desgracia” de tener un edificio catalogado que no puede tocarse, el estado debería otorgar algún tipo de subsidio que equilibre la situación. Algo que estamos lejos de resolver.

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